Soy una chica sencilla (...), pero a veces, tengo momentos de genialidad (y de mal, genio, también, y muchos).
La cuestión es que el otro día, mirando las musarañas en el trabajo, di con la posible respuesta a un dilema que me ronda la cabeza hace tiempo:
¿Por qué nos decepcionamos? y me refiero sobre todo a las relaciones amorosas, pero también a las amistades, el trabajo, etc.Puede servir como ejemplo algo simple, como la típica fiesta a la que te invitan y acudes ilusionada, pintada como una puerta y con un outfit estudiadísimo, con la esperanza de beber, reír, bailar y desfasar, conocer gente genial...

Pero acaba siendo un total muermo y vuelves a casa con la cara como Bitelchus, oliendo a tabaco y los pies destrozados, preguntándote por qué no te quedaste en casa, viendo Lost.
Y la respuesta está en el título de este post. Las expectativas.
TE CREASTE EXPECTATIVAS ERRÓNEAS
Vamos, no digo que en una fiesta no sea normal divertirse, pero si hubieras acudido con la simple idea de bailar un poco en un local abarrotado, oscuro y en el que cruzar dos palabras con otro ser humano es sencillamente imposible, te habrías quedado tan ancha. Porque esa es la realidad que se escondía detrás de la INCREIBLE fiesta para la que te preparaste a conciencia. Y no estaba tan mal.
Para los antiguos griegos, el hombre era la medida de todas las cosas. Yo digo, que para la felicidad, la sensatez y la lógica son la medida adecuada a aplicar. Como siempre digo, seamos realistas.
¿Por qué mi pareja no me complace plenamente? Porque tengo expectativas erróneas.
¿Por qué mi gata sí lo hace, a su manera gatuna? Porque cuando la adopte fui totalmente realista respecto a lo que esperaba de ella. Es decir, un bicho peludo en casa, que no hace otra cosa que dormir, pedir comida, arañar muebles y poco más. Además me mentalicé plenamente de la necesidad de criarla, atenderla, limpiarle sus cacas y tener la ropa llena de su pelo. Y punto.
Si al irme a vivir con mi novio, me hubiera preparado ante la idea REAL de lo que supone vivir con un hombre, no habría sentido, en ningún momento, ningún tipo de decepción. Pero tenía expectativas erróneas. Pedía la luna, supongo. Si me hubiera dado cuenta de que me iba a vivir con un bicho peludo, que no hace otra cosa que dormir, pedir comida, arañar muebles y poco más (y ese poco más es el sexo y pagar la mitad de los gastos). Me habría mentalizado plenamente de la necesidad de criarlo, atenderlo, limpiarle sus cacas y tener la ropa (el baño) llena de su pelo. Y punto.

Os parecerá una tontería, pero desde que llegué a esa conclusión, me siento más tranquila. Ya no miro a mi chico y veo todas las carencias que hace semanas me parecían tan evidentes y decepcionantes... veo a un hombre, que se ha embarcado en la temeraria aventura de vivir conmigo y que trata de dar lo mejor de si mismo. Y eso me gusta. Porque he eliminado las expectativas erróneas que estaban atormentándome. Porque he descubierto que en el fondo, vivir con un hombre es, sin más VIVIR CON UN HOMBRE. Y debo ser consciente de eso y decidir si acepto sus pequeños inconvenientes, o sigo soñando...
Parece ser que la mayoría de las veces el príncipe sale rana. Pero las ranas tiene su gracia, ¿no?

























